Olvida por un momento el ruido externo y recuerda esto: importo . He librado batallas silenciosas que nadie vio, he sanado heridas que intentaron romperme y aun así sigo apareciendo con amor en el corazón. Sonrío, porque todavía hay lugares a los que no he ido, personas que no he conocido y momentos que me dejarán sin aliento. Ser yo misma es, en esencia, una bendición. Incluso en los días en que me siento perdida o sin propósito, sigo aquí. Y eso basta. El mundo es más suave, más amable y un poco más luminoso porque existo. Quizá ese sea mi propósito: recordarle a otros —y a mí misma— que la bondad sigue viva, incluso después de la tormenta. Hoy vuelvo a escribir en mi blog después de mucho tiempo. No porque tenga una gran historia que contar, sino porque reconocí algo simple: volver a mí también empieza por recuperar los espacios donde una vez me sentí en casa. He estado cargando silencios que pesan. Procesando cambios, despidiéndome de ciclos, intentando entenderme en medio del ...