Ser fuerte no es una elección, a veces es una imposición. Cuando la vida te pone constantemente a prueba, la resiliencia se convierte en tu segunda piel. Pero, ¿qué pasa cuando ser fuerte se vuelve agotador?
Nos enseñan que la fortaleza es admirable, que resistir y seguir adelante es la mejor opción. Pero pocas veces se habla del cansancio que viene con ello. No siempre queremos ser los que resuelven, los que sostienen, los que sonríen cuando todo se desmorona. Ser fuerte puede sentirse como cargar un peso invisible que nadie más percibe, pero que está ahí, oprimiendo el pecho en los días difíciles.
Aprender a soltar es igual de importante que aprender a resistir. La fortaleza también reside en saber cuándo descansar, en permitirnos ser vulnerables sin sentirnos débiles. Aceptar que no podemos con todo no nos hace menos fuertes, nos hace humanos.
Este blog es un espacio para explorar esa humanidad, para hablar de las cargas que llevamos y de cómo, a veces, la mejor manera de ser fuerte es simplemente permitirse sentir.

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