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Positivismo Tóxico

El positivismo puede ser un salvavidas, pero también una carga cuando se usa sin medida. Últimamente he estado lidiando con un torbellino de emociones, y en medio de todo esto, me he dado cuenta de algo: no siempre quiero escuchar "todo estará bien". Porque, ¿y si no lo está?

Estoy atravesando un momento difícil, con una cirugía en el horizonte y preguntas que no tienen respuestas inmediatas. Y aunque sé que la intención detrás del optimismo es buena, en vez de ayudar, termina aislándome en mi propio dolor. Necesito poder decir en voz alta que tengo miedo, que tengo dudas, que no sé qué va a pasar después. Necesito espacio para procesarlo sin que me inunden con afirmaciones de que todo saldrá perfecto, porque la verdad es que nadie lo sabe con certeza.

No digo que el optimismo sea malo, pero hay una diferencia entre alentar y minimizar. Decir "sé que esto es difícil, y aquí estoy para escucharte" tiene mucho más valor que un "no te preocupes, todo pasará". Lo que realmente necesitamos no es que nos pinten un futuro idealizado, sino que simplemente nos permitan ser vulnerables sin prisas, sin soluciones mágicas, sin exigencias de estar bien antes de tiempo.

Así que, si alguna vez te encuentras con alguien que está atravesando un momento complicado, recuerda que su dolor no necesita ser corregido con frases motivacionales. En muchos casos, el mejor consuelo es simplemente estar ahí, validando su sentir, sin intentar borrar lo que duele. 



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