Ojalá mi corazón sanara como la herida en mi cuello. Que bastara con unos puntos de sutura, un poco de reposo y algunas semanas de paciencia para que todo quedara atrás. Que alguien pudiera decirme exactamente cuánto tiempo tardará en dejar de doler.
Pero sé que el corazón no sigue protocolos médicos. No hay analgésicos para este tipo de dolor, ni un vendaje que lo cubra del todo. Solo queda confiar en que, así como mi cuerpo se recupera, mi alma también lo hará. Al principio duele, luego molesta, después pica… y un día me daré cuenta de que ya no duele igual. No porque la herida nunca existió, sino porque aprendí a vivir con la cicatriz. Tal vez el secreto esté en tratar mi corazón como trato mi cuerpo: darle cuidados, evitar lo que lo lastima más, no forzarlo antes de tiempo y rodearme de todo lo que me ayude a sanar.

Comentarios
Publicar un comentario