Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de abril, 2025

Mirar con ojos nuevos lo que puede sanar

No estoy intentando olvidar lo que dolió. No tengo esa clase de memoria selectiva ni quiero tenerla. Lo que viví me marcó, me rompió en partes, y también me obligó a conocerme desde otro lugar. Pero tampoco quiero quedarme a vivir en ese dolor como si fuera mi única identidad. Hoy elijo mirar con ojos nuevos lo que aún puede sanar. No porque todo esté resuelto ni porque haya borrado el pasado, sino porque reconozco que si algo merece una segunda oportunidad, no es la historia, sino la forma de escribirla. Estoy viendo a Raúl con más claridad. No como el salvador que me falló, sino como el hombre que, como yo, carga sus propios errores y está intentando entender que amar no es pedirle al otro que se convierta en una versión cómoda. Es crecer, incluso si cuesta. Incluso si duele. Pero juntos.

Estoy en transición

No voy a confundir mi valor con el lugar donde estoy obligada a estar. Sé que no pertenezco ahí, y aún así, regreso. Pero esto es solo una escala, no mi destino final. Haré lo mínimo necesario. No voy a entregar mi energía. No me voy a conectar emocionalmente. No estoy volviendo a una vida vieja: estoy cumpliendo mi parte mientras planeo mi salida. Y cuando esa puerta se abra —porque se va a abrir—, no será un escape: será una liberación merecida. Si mañana me duele el cuerpo, me lo permito. Si las emociones pesan, me lo reconozco. Y si en medio de todo eso sobrevivo un día más sin romperme, me lo celebro . Y si se me olvida lo fuerte que soy, solo necesito recordarme esto: no estoy atrapada, estoy en transición.

Que el lunes no me quite el viernes

Esta noche me niego a prestarle mi paz al lunes. No me importa cuántas rutas tenga que tomar ni qué tan espeso se sienta volver. Hoy, solo quiero honrar el derecho que tengo a estar tranquila. Estoy cansada, sí. Pero merezco dormir sin ese nudo en el pecho. No tengo por qué resolver un problema que aún no ha llegado. Y aunque sé que el lunes me va a exigir más de lo que tengo, este viernes —este justo aquí, a las 11 de la noche— es mío. Y no se lo pienso regalar.

No funcionamos

No pudimos ser felices el uno al lado del otro. Lo intentamos, a nuestra manera, con lo que sabíamos, con lo que teníamos… y con lo que nos faltaba. Pero si algo me consuela, es saber que conectamos como nadie más. Que nos vimos con los ojos del alma, aunque a veces no supimos hablarnos con ella. Nos enseñamos tanto, incluso en el caos. Nos dolimos, sí, pero también nos habitamos con una intensidad que no se olvida. Y aunque la vida nos lleve por caminos distintos, siempre habrá un rincón tibio en mi corazón donde estás tú, no como el que fuiste al final… sino como el que me hizo reír hasta el alma. Eso, de alguna forma, nos seguirá uniendo. No en presencia, no en planes… pero sí en memoria. Y con eso, estoy en paz.

Dormir...

Dormir se volvió mi escape favorito. No por descanso, sino porque los sueños, incluso los más absurdos, eran más amables que la realidad. Despertar ya no traía alivio, sino la confirmación de que estaba atrapada en algo que no pedí. Como si mi vida fuera ese tipo raro de pesadilla al revés: una donde lo peor empieza al abrir los ojos. Y lo más triste no es haber sentido eso. Lo más triste es haberlo normalizado. Pero también aprendí que hablarlo es la forma más silenciosa y poderosa de gritar. Que no todo el que sonríe está bien, y no todo el que calla quiere estar solo. A veces solo necesitamos que alguien se quede, aunque sea en silencio, mientras reconstruimos la versión de nosotros que sí quiere despertar.

Mi Manifiesto Después del Derrumbe

Ya no vivo para encajar. Si tengo que achicarme para estar en un lugar, ese lugar no es mío. Mi paz es prioridad, no un lujo. Lo que la altere sin propósito, se va. Sin drama, sin culpa, sin explicaciones largas. No necesito certezas eternas. Me basta con saber que estoy buscando desde la honestidad, no desde el miedo. Mi dolor me ha enseñado más que cualquier consejo no solicitado. Y por eso lo honro, lo proceso, y luego lo suelto. No sigo a nadie que no me permita pensar. No me seducen los discursos lindos, me conmueven los actos coherentes. Estoy construyéndome, no sobreviviéndome. No vine a esta vida a repetir ciclos, vine a romper cadenas. Dudo, cuestiono, desaprendo. No porque me haya perdido, sino porque me estoy encontrando . No soy lo que me pasó, soy lo que elijo hacer con eso. Soy testimonio vivo de que incluso el derrumbe puede ser comienzo. No necesito que todos me entiendan. Solo necesito no traicionarme a mí misma. Me permito cambiar ...