No pudimos ser felices el uno al lado del otro. Lo intentamos, a nuestra manera, con lo que sabíamos, con lo que teníamos… y con lo que nos faltaba.
Pero si algo me consuela, es saber que conectamos como nadie más. Que nos vimos con los ojos del alma, aunque a veces no supimos hablarnos con ella.
Nos enseñamos tanto, incluso en el caos. Nos dolimos, sí, pero también nos habitamos con una intensidad que no se olvida.
Y aunque la vida nos lleve por caminos distintos, siempre habrá un rincón tibio en mi corazón donde estás tú, no como el que fuiste al final… sino como el que me hizo reír hasta el alma.
Eso, de alguna forma, nos seguirá uniendo. No en presencia, no en planes… pero sí en memoria.
Y con eso, estoy en paz.

Comentarios
Publicar un comentario