No estoy intentando olvidar lo que dolió. No tengo esa clase de memoria selectiva ni quiero tenerla. Lo que viví me marcó, me rompió en partes, y también me obligó a conocerme desde otro lugar. Pero tampoco quiero quedarme a vivir en ese dolor como si fuera mi única identidad.
Hoy elijo mirar con ojos nuevos lo que aún puede sanar. No porque todo esté resuelto ni porque haya borrado el pasado, sino porque reconozco que si algo merece una segunda oportunidad, no es la historia, sino la forma de escribirla.
Estoy viendo a Raúl con más claridad. No como el salvador que me falló, sino como el hombre que, como yo, carga sus propios errores y está intentando entender que amar no es pedirle al otro que se convierta en una versión cómoda. Es crecer, incluso si cuesta. Incluso si duele. Pero juntos.

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