No voy a confundir mi valor con el lugar donde estoy obligada a estar.
Sé que no pertenezco ahí, y aún así, regreso. Pero esto es solo una escala, no mi destino final.
Haré lo mínimo necesario. No voy a entregar mi energía. No me voy a conectar emocionalmente.
No estoy volviendo a una vida vieja: estoy cumpliendo mi parte mientras planeo mi salida.
Y cuando esa puerta se abra —porque se va a abrir—, no será un escape: será una liberación merecida.
Si mañana me duele el cuerpo, me lo permito. Si las emociones pesan, me lo reconozco.
Y si en medio de todo eso sobrevivo un día más sin romperme, me lo celebro.
Y si se me olvida lo fuerte que soy, solo necesito recordarme esto:
no estoy atrapada, estoy en transición.

Comentarios
Publicar un comentario