Ir al contenido principal

Cinco meses, y aún de pie

Han pasado cinco meses del 2025, y aunque no ha sido el año perfecto, tampoco ha sido un año vacío. He llorado, sí. He sentido la frustración, el miedo, la incertidumbre económica, el rechazo… pero también he tenido momentos donde la vida, en silencio, me susurró que todo sigue en movimiento, incluso cuando parece estático.

En estos cinco meses:

  • Sobreviví a una cirugía delicada. Literalmente. A mi cuerpo lo abrieron y lo reconstruyeron, y aquí estoy, escribiendo.

  • Aprendí a escucharme más allá del ruido. A saber cuándo parar, cuándo no forzar, cuándo dejar de fingir que puedo con todo.

  • Di entrevistas importantes. Aunque no todas hayan sido exitosas, me preparé, me enfrenté al juicio de desconocidos y hablé de mi valor con voz firme.

  • Me tomé el trabajo de actualizar mi perfil, de contar mi historia profesional con honestidad. Pocas cosas pesan más que contar tu historia cuando estás en medio de ella.

  • Amé con todo y dudas. Aposté por una relación incluso cuando la lógica decía que no. Porque sentir también es un acto de coraje.

  • Protegí a mi hija a distancia. Y eso ha sido una forma distinta de maternidad: menos control, más confianza.

  • Me alejé de entornos que drenaban. Aunque duela, aunque dé miedo, aprendí a poner límites. Incluso con la familia.

  • Escribí más. Sentí más. Dormí cuando mi cuerpo lo pedía. Me escuché en cada insomnio, en cada silencio, en cada noche donde el futuro pesaba.

  • Y a pesar de todo... sigo aquí. Más consciente. Más real. Menos complaciente. Más yo.

No sé qué vendrá en los próximos siete meses. Pero sé algo: si pude con este inicio, puedo con lo que venga. No porque todo mejore mágicamente, sino porque ya he sobrevivido a cosas que no conté. Y porque aprendí que resistir también es un verbo digno.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Ser madre sin dejar de ser mujer

 A muchas latinas nos enseñaron que ser madre es renunciar. Que el amor por los hijos exige sacrificarse por completo, dejar los propios sueños para después —ese “después” que casi nunca llega. Crecimos viendo a nuestras madres y abuelas agotadas, admiradas por su entrega, pero invisibilizadas en su deseo. Nos enseñaron a cuidar, no a cuidarnos. Durante años viví en función de mi hija. Todo giraba en torno a ella, y creí que eso era lo correcto. Pero ahora, con dieciséis años, vive con su padre, y por primera vez tengo espacio para mirarme. No desde la culpa, sino desde la conciencia de todo lo que postergué. Redescubro lo que me gusta, lo que quiero, lo que aún puedo construir. Y duele reconocer que solo me permití hacerlo cuando ya no me necesitaba tanto. No debería ser así. No deberíamos tener que elegir entre ser madre o ser mujer . Podemos amar profundamente y, al mismo tiempo, no renunciar a nosotras mismas. Porque criar también debería incluir el ejemplo de no abandonars...

La petite mort y el latido común

La petite mort me encuentra cuando bajo la guardia. Cuando dejo de sostener el mundo y me permito descansar en otro cuerpo. No hay urgencia. Hay cercanía. Hay una calma previa que ya es promesa. Todo se vuelve más lento y más verdadero. La piel escucha antes que la mente. La respiración se acomoda a otro ritmo. Empiezo a soltarme sin darme cuenta, como si mi cuerpo supiera exactamente cuándo dejar de resistir. En ese punto dejamos de ser dos. No porque uno se imponga sobre el otro, sino porque las fronteras se disuelven. Mi pulso y el suyo encuentran un mismo compás. Ya no distingo dónde termino yo y dónde empieza el otro. Somos un solo latido, una sola presencia sostenida en el calor compartido. Ahí ocurre. No como explosión, sino como rendición. La pequeña muerte es suave: una caída lenta en la que el yo se apaga sin miedo. No pienso, no sostengo, no controlo. Solo siento. Solo existimos, fundidos en un instante sin tiempo. Cuando regreso, lo hago despacio. Con el cuerpo ti...

🪓 Saga completa – Mi recorrido con Norman Bates

  🎬 Psycho (1960) – 5/5 Lo mejor: Sentí a Hitchcock en su máxima expresión. El suspenso, la música y ese giro me volaron la cabeza. Lo peor: Los pequeños lapsus de continuidad, pero se los perdono porque es oro puro. Veredicto: Para mí, un clásico eterno. 🎬 Psycho II (1983) – 3/5 Lo mejor: Anthony Perkins regresó con fuerza y me gustó ver la ilusión de rehabilitación de Norman. Lo peor: El giro de Emma Spool como “verdadera madre” me pareció un retcon absurdo. Veredicto: Entretenida, pero se nota que estiraron la historia. 🎬 Psycho III (1986) – 2.5/5 Lo mejor: Que Perkins dirigiera le dio un aire distinto, casi de slasher ochentero. Lo peor: El guion flojo y personajes secundarios mediocres. Además, la promesa de “esta vez será para siempre” quedó en nada. Veredicto: Curiosa, pero llena de incongruencias. 🎬 Psycho IV: The Beginning (1990) – 1/5 Lo mejor: Me interesó un poco el retrato de la infancia de Norman. Lo peor: La cronol...