Ir al contenido principal

📌 Gratitud forzada, desempleo y otras formas de no rendirme

 



Hay días en los que no tengo ganas de agradecer nada.

No porque no haya cosas. Las hay. Lo sé. Pero no las siento. Y escribirlas igual se ha vuelto parte de la rutina que intento mantener para no derrumbarme por completo. A veces funciona como ancla. Otras veces solo es una lista sin alma.
Pero sigo haciéndolo. Porque, aunque no me salve, al menos me estructura.

Escribo:
“Gracias por el café.”
“Gracias porque me levanté.”
“Gracias por ese amigo que me respondió el mensaje.”
Y mientras lo escribo, una parte de mí grita que eso no es suficiente.
Otra parte —más silenciosa— susurra que eso es todo lo que tengo ahora mismo.

Y me aferro a esa voz bajita.


Extraño trabajar.

Extraño sentir que sirvo para algo más que sobrevivir el día.
Extraño usar mi mente, mover mis ideas, responder correos, proponer cambios, pelear por cosas que importaban.
Extraño tener propósito más allá de arreglarme para que no se me note el bajón en la cara.
No estoy hecha para esta pausa. No estoy diseñada para el desempleo. Me oxido. Me seco. Me pierdo.

Y lo peor no es el tiempo libre.
Es la incertidumbre.
Esa que te susurra que quizás no llegará nada mejor, que quizás ya no te van a elegir.
Que quizás todo esto —todo ese esfuerzo que hiciste por ser valiosa— fue invisible para los que tenían el poder de decir “sí”.


Pero sigo escribiendo.
Sigo esperando.
Sigo agradeciendo… aunque a veces lo haga con rabia.
Aunque algunas noches escriba “gracias por no rendirme” y lo haga con los ojos llenos de lágrimas y el pecho lleno de miedo.

No sé cómo, pero no me he roto del todo.
Y eso, aunque nadie lo lea, merece ser escrito.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ser madre sin dejar de ser mujer

 A muchas latinas nos enseñaron que ser madre es renunciar. Que el amor por los hijos exige sacrificarse por completo, dejar los propios sueños para después —ese “después” que casi nunca llega. Crecimos viendo a nuestras madres y abuelas agotadas, admiradas por su entrega, pero invisibilizadas en su deseo. Nos enseñaron a cuidar, no a cuidarnos. Durante años viví en función de mi hija. Todo giraba en torno a ella, y creí que eso era lo correcto. Pero ahora, con dieciséis años, vive con su padre, y por primera vez tengo espacio para mirarme. No desde la culpa, sino desde la conciencia de todo lo que postergué. Redescubro lo que me gusta, lo que quiero, lo que aún puedo construir. Y duele reconocer que solo me permití hacerlo cuando ya no me necesitaba tanto. No debería ser así. No deberíamos tener que elegir entre ser madre o ser mujer . Podemos amar profundamente y, al mismo tiempo, no renunciar a nosotras mismas. Porque criar también debería incluir el ejemplo de no abandonars...

La petite mort y el latido común

La petite mort me encuentra cuando bajo la guardia. Cuando dejo de sostener el mundo y me permito descansar en otro cuerpo. No hay urgencia. Hay cercanía. Hay una calma previa que ya es promesa. Todo se vuelve más lento y más verdadero. La piel escucha antes que la mente. La respiración se acomoda a otro ritmo. Empiezo a soltarme sin darme cuenta, como si mi cuerpo supiera exactamente cuándo dejar de resistir. En ese punto dejamos de ser dos. No porque uno se imponga sobre el otro, sino porque las fronteras se disuelven. Mi pulso y el suyo encuentran un mismo compás. Ya no distingo dónde termino yo y dónde empieza el otro. Somos un solo latido, una sola presencia sostenida en el calor compartido. Ahí ocurre. No como explosión, sino como rendición. La pequeña muerte es suave: una caída lenta en la que el yo se apaga sin miedo. No pienso, no sostengo, no controlo. Solo siento. Solo existimos, fundidos en un instante sin tiempo. Cuando regreso, lo hago despacio. Con el cuerpo ti...

🪓 Saga completa – Mi recorrido con Norman Bates

  🎬 Psycho (1960) – 5/5 Lo mejor: Sentí a Hitchcock en su máxima expresión. El suspenso, la música y ese giro me volaron la cabeza. Lo peor: Los pequeños lapsus de continuidad, pero se los perdono porque es oro puro. Veredicto: Para mí, un clásico eterno. 🎬 Psycho II (1983) – 3/5 Lo mejor: Anthony Perkins regresó con fuerza y me gustó ver la ilusión de rehabilitación de Norman. Lo peor: El giro de Emma Spool como “verdadera madre” me pareció un retcon absurdo. Veredicto: Entretenida, pero se nota que estiraron la historia. 🎬 Psycho III (1986) – 2.5/5 Lo mejor: Que Perkins dirigiera le dio un aire distinto, casi de slasher ochentero. Lo peor: El guion flojo y personajes secundarios mediocres. Además, la promesa de “esta vez será para siempre” quedó en nada. Veredicto: Curiosa, pero llena de incongruencias. 🎬 Psycho IV: The Beginning (1990) – 1/5 Lo mejor: Me interesó un poco el retrato de la infancia de Norman. Lo peor: La cronol...