Ir al contenido principal

Mayo, sin maquillaje

Mayo no llegó suave. Llegó como esos días donde te pones la camisa al revés, el café se enfría, y la vida insiste en no darte tregua. En medio de entrevistas, rechazos, pocas palabras y silencios que pesan más que las palabras mismas, empecé a entender cosas. A tragarme otras. Y a soltar varias más.

Aprendí que no todo lo que se desea se consigue. Que a veces uno hace el esfuerzo, se prepara, entrega lo mejor, y aún así no. No hay recompensa. No hay respuesta. Solo un vacío que duele distinto. También entendí que el cuerpo no es un accesorio: es barómetro emocional. Mis médicos lo confirmaron. Dormir de más, evitar el movimiento, desganarse… no es descanso, es saturación.

También he tenido que mirar de frente la distancia emocional con alguien a quien amo. Ver menos. Hablar menos. Soñar menos. Y aunque el vínculo sigue ahí, el entusiasmo no. No por ahora. Eso también es una forma de duelo, aunque nadie lo diga así.

Y en medio de todo, llegaron llamadas laborales que no traían claridad, sino más confusión. ¿Cómo se agradece una oportunidad que ni siquiera te explican? ¿Hasta cuándo una se deja encajar en espacios donde ni siquiera hay nombre para el rol?

Hoy no tengo conclusiones. Pero tengo esta certeza: seguir haciendo cosas pequeñas que me salven del abismo. Ver pelis. Escribir. Dormir. Respirar. Volver.

Porque no siempre se puede con todo. Pero siempre se puede empezar con algo.



Comentarios

Entradas populares de este blog

El peso de ser fuerte

Ser fuerte no es una elección, a veces es una imposición. Cuando la vida te pone constantemente a prueba, la resiliencia se convierte en tu segunda piel. Pero, ¿qué pasa cuando ser fuerte se vuelve agotador? Nos enseñan que la fortaleza es admirable, que resistir y seguir adelante es la mejor opción. Pero pocas veces se habla del cansancio que viene con ello. No siempre queremos ser los que resuelven, los que sostienen, los que sonríen cuando todo se desmorona. Ser fuerte puede sentirse como cargar un peso invisible que nadie más percibe, pero que está ahí, oprimiendo el pecho en los días difíciles. Aprender a soltar es igual de importante que aprender a resistir. La fortaleza también reside en saber cuándo descansar, en permitirnos ser vulnerables sin sentirnos débiles. Aceptar que no podemos con todo no nos hace menos fuertes, nos hace humanos. Este blog es un espacio para explorar esa humanidad, para hablar de las cargas que llevamos y de cómo, a veces, la mejor manera de ser fuerte...

La petite mort y el latido común

La petite mort me encuentra cuando bajo la guardia. Cuando dejo de sostener el mundo y me permito descansar en otro cuerpo. No hay urgencia. Hay cercanía. Hay una calma previa que ya es promesa. Todo se vuelve más lento y más verdadero. La piel escucha antes que la mente. La respiración se acomoda a otro ritmo. Empiezo a soltarme sin darme cuenta, como si mi cuerpo supiera exactamente cuándo dejar de resistir. En ese punto dejamos de ser dos. No porque uno se imponga sobre el otro, sino porque las fronteras se disuelven. Mi pulso y el suyo encuentran un mismo compás. Ya no distingo dónde termino yo y dónde empieza el otro. Somos un solo latido, una sola presencia sostenida en el calor compartido. Ahí ocurre. No como explosión, sino como rendición. La pequeña muerte es suave: una caída lenta en la que el yo se apaga sin miedo. No pienso, no sostengo, no controlo. Solo siento. Solo existimos, fundidos en un instante sin tiempo. Cuando regreso, lo hago despacio. Con el cuerpo ti...

De mayo a septiembre: todo lo que cambió en cuatro meses

La última vez que escribí aquí fue en mayo. En ese momento acababan de desvincularme de mi trabajo y estaba en uno de esos puntos en los que sabes que una etapa terminó, pero todavía no tienes claro cómo va a empezar la siguiente. Había planes, posibilidades y muchas cosas por resolver, pero ninguna certeza. Mirándolo desde septiembre, me sorprende cuánto puede cambiar una vida en apenas cuatro meses. 2026 ha terminado siendo muy diferente de 2025. El año pasado estuvo marcado por una cirugía, una recuperación larga y una sensación constante de tener que reorganizarme alrededor de algo que no había elegido. Este año tampoco ha sido sencillo, pero la energía ha sido otra. He vuelto a construir, a proyectarme profesionalmente, a estudiar con objetivos más claros y, sobre todo, a sentir que estoy avanzando hacia algo que sí quiero. El cambio más evidente llegó el 29 de junio, cuando comencé a trabajar como Revenue Analyst en W Punta Cana. Para mí no significaba simplemente conseguir otr...