Hay relaciones que mejoran de una forma casi imperceptible. No existe un día exacto en el que todo cambia, ni una conversación que pueda señalarse como el punto definitivo. Simplemente llega un momento en el que miras lo que tienes y reconoces que ya no estás en el mismo lugar de antes. Últimamente pienso mucho en eso cuando pienso en mi relación. Hemos llegado a un punto de estabilidad que me gusta, no porque todo sea perfecto ni porque hayamos dejado de tener diferencias, sino porque ahora existe una base mucho más firme entre nosotros. Nos conocemos mejor; sabemos cómo funciona el otro, qué necesita, qué le molesta, qué puede esperar y también cuándo simplemente necesita espacio para procesar las cosas a su manera. Con el tiempo hemos aprendido a relacionarnos desde un lugar menos defensivo. Hay conversaciones que antes podían convertirse en discusiones y que hoy podemos manejar de otra forma. También hay cosas que ya no necesitan tantas explicaciones porque conocemos mejor las inte...