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De mayo a septiembre: todo lo que cambió en cuatro meses

La última vez que escribí aquí fue en mayo. En ese momento acababan de desvincularme de mi trabajo y estaba en uno de esos puntos en los que sabes que una etapa terminó, pero todavía no tienes claro cómo va a empezar la siguiente. Había planes, posibilidades y muchas cosas por resolver, pero ninguna certeza. Mirándolo desde septiembre, me sorprende cuánto puede cambiar una vida en apenas cuatro meses.

2026 ha terminado siendo muy diferente de 2025. El año pasado estuvo marcado por una cirugía, una recuperación larga y una sensación constante de tener que reorganizarme alrededor de algo que no había elegido. Este año tampoco ha sido sencillo, pero la energía ha sido otra. He vuelto a construir, a proyectarme profesionalmente, a estudiar con objetivos más claros y, sobre todo, a sentir que estoy avanzando hacia algo que sí quiero.

El cambio más evidente llegó el 29 de junio, cuando comencé a trabajar como Revenue Analyst en W Punta Cana. Para mí no significaba simplemente conseguir otro empleo. Era entrar a una nueva etapa profesional, en un hotel nuevo, con una marca que tiene su propia manera de hacer las cosas y con una posición que me colocaba frente a responsabilidades distintas a las que había tenido hasta entonces.

Los primeros meses han sido intensos. He tenido que aprender sistemas, procesos y herramientas nuevas casi al mismo tiempo: Opera, SynXis, MARSHA, IDeaS, distribución, reportes de producción, forecast, pace, paridad, auditorías, estrategias tarifarias y presentaciones. Muchas cosas que en junio todavía estaba tratando de entender hoy forman parte de mi trabajo habitual. Otras continúan siendo nuevas y probablemente seguirán siéndolo durante algún tiempo.

Una de las cosas que más me ha gustado de esta etapa es precisamente esa sensación de aprendizaje constante. Revenue obliga a mirar más allá del número. No basta con saber cuánto vendiste o qué ocupación tienes; hay que entender por qué ocurrió, qué está pasando alrededor, cómo se está comportando la competencia, qué canal está produciendo, dónde existe una oportunidad y qué decisión podría cambiar el resultado. Esa parte analítica me interesa muchísimo.

También he descubierto que quiero crecer en esta área mucho más de lo que quizá imaginaba hace unos meses. No quiero limitarme a ejecutar reportes o completar tareas. Quiero entender la estrategia, participar cada vez más en esas conversaciones y llegar al punto en que pueda mirar los datos y reconocer rápidamente qué están diciendo. Me gusta aprender cómo encajan las diferentes piezas del negocio y entender la lógica detrás de cada decisión.

Eso no significa que todo haya sido sencillo. He tenido semanas en las que las prioridades cambian varias veces en un mismo día, solicitudes que aparecen con muy poco margen y momentos en los que he tenido que aprender mientras ya estaba haciendo. También he tenido que reconocer algo sobre mí: soy bastante exigente con mi propio trabajo. Cuando no conozco algo, quiero aprenderlo rápido; cuando termino una tarea, quiero saber que quedó bien; cuando un dato no me convence, necesito entender qué está pasando.

Esa exigencia tiene dos caras. Me ha permitido avanzar mucho en poco tiempo, pero también me está enseñando que no necesito dominar en tres meses una posición en la que todavía tengo muchísimo por aprender. Parte del crecimiento profesional también consiste en aceptar que hay procesos que requieren tiempo, preguntar cuando corresponde y reconocer todo lo que ya sé sin convertir inmediatamente la siguiente cosa pendiente en una medida de lo que todavía me falta.

Mientras todo esto sucede, la universidad continúa. Sigo estudiando Administración de Empresas Turísticas y sigo mirando 2028 como una meta concreta. Este trimestre ha traído inglés técnico, organización de eventos, congresos, ferias, animación sociocultural, presentaciones, videos y trabajos que han tenido que convivir con mi nueva realidad profesional.

Mi relación con la universidad también ha cambiado. Ya no la veo simplemente como una carrera que tengo que terminar. Hay una ambición académica que cada vez tengo más clara. Tengo un índice de 97 y quiero graduarme con honores. Sé que eso implica mantener un nivel alto durante bastante tiempo y que habrá materias más difíciles que otras, pero es una meta que me importa. Después de todo el esfuerzo que supone estudiar mientras trabajo, no quiero llegar al final pensando que pude haber dado más.

Curiosamente, estudiar turismo mientras trabajo dentro de la industria también hace que muchas cosas tengan ahora otro significado. Hay conceptos que dejan de ser teoría cuando los ves aparecer en una operación real, y experiencias laborales que hacen que ciertos temas académicos resulten mucho más fáciles de comprender. Las dos partes de mi vida se alimentan entre sí, aunque a veces compitan por las mismas horas.

2026 también me ha obligado a seguir prestándole atención a mi salud. Después de lo vivido en 2025, esperaba que este año fuera mucho más tranquilo en ese sentido, pero han aparecido otras situaciones que me han llevado nuevamente a consultas, estudios y tratamientos. No han definido mi año, pero sí me han recordado que sentirse funcional y estar bien no siempre significan exactamente lo mismo. Estoy intentando ser más consciente de eso.

También he pensado bastante en mi relación con el futuro. Hace unos meses una de mis mayores preocupaciones era volver a encontrar estabilidad profesional. Hoy ya estoy pensando en otras cosas: crecer dentro de Revenue, asumir más estrategia, participar en procesos más importantes y prepararme para responsabilidades mayores. Incluso comienzo a mirar 2027 desde otro lugar. Eso me parece significativo porque demuestra cuánto puede cambiar la perspectiva cuando dejas de preguntarte únicamente qué va a pasar y empiezas a preguntarte qué quieres construir con lo que está pasando.

En lo personal también han ocurrido cosas importantes. Este septiembre cumplí tres años de relación, algo que para mí tiene mucho valor precisamente porque ha tenido que convivir con distancia, horarios, trabajo, estudios y todos los cambios que han ocurrido durante este tiempo. Siempre he preferido mantener esa parte de mi vida bastante privada, y probablemente seguirá siendo así. No todo lo importante necesita ser convertido en contenido para que tenga un lugar enorme en mi vida.

El cine, la música y la escritura continúan siendo esa parte de mí que existe fuera de las obligaciones. He visto muchísimo cine este año, he seguido escribiendo reseñas y he convertido Twitter en un espacio donde puedo hablar de películas, compartir ideas y encontrar gente con intereses similares. También he ido definiendo cada vez mejor qué quiero publicar, cómo quiero expresarme y qué partes de mi vida prefiero reservarme.

Este blog, sin embargo, quedó detenido en mayo. No fue una decisión. Simplemente ocurrieron demasiadas cosas entre un momento y otro. Quizá por eso sentía que tenía que volver antes de diciembre. Esperar a terminar el año habría convertido estos meses en una especie de resumen, y todavía no quiero resumir 2026. Todavía lo estoy viviendo.

La diferencia entre mayo y septiembre es enorme. En mayo acababan de desvincularme y no sabía exactamente qué dirección tomarían los meses siguientes. En septiembre estoy trabajando en W Punta Cana, aprendiendo un área que cada vez me interesa más, avanzando en mi carrera universitaria y pensando seriamente en cómo quiero que se vea mi próximo año profesional y personal. No significa que todas las respuestas hayan aparecido. Significa que ya no estoy parada en el mismo lugar desde el que escribí aquella última entrada.

Y creo que esa es la parte de 2026 que más quiero recordar.

No ha sido un año de transformaciones perfectas ni de grandes revelaciones. Ha sido un año en el que muchas cosas empezaron a moverse después de un 2025 bastante difícil. He tenido que adaptarme, aprender, reorganizar planes y aceptar que algunas etapas se terminan sin avisar qué viene inmediatamente después. Pero también he comprobado que un cambio que inicialmente se siente como una pérdida puede terminar colocándote frente a posibilidades que unos meses antes ni siquiera formaban parte del mapa.

Todavía faltan octubre, noviembre y diciembre, y después de todo lo que ocurrió entre mayo y septiembre sería absurdo asumir que el año ya dijo todo lo que tenía que decir. Tengo objetivos profesionales importantes, materias que terminar, cosas que quiero aprender mejor y planes que empiezan a tomar forma para 2027. También quiero recuperar espacios que he ido dejando pendientes y continuar construyendo una vida en la que mi trabajo sea importante, pero no sea lo único que me defina.

En mayo escribía desde una etapa que acababa de cerrarse. Cuatro meses después, puedo escribir desde una que apenas está comenzando.

Quizá eso sea 2026 para mí hasta ahora: no un año terminado ni una historia que ya puedo explicar desde la distancia, sino el momento exacto en el que empiezo a reconocer hacia dónde estoy yendo.



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