La petite mort me encuentra cuando bajo la guardia. Cuando dejo de sostener el mundo y me permito descansar en otro cuerpo. No hay urgencia. Hay cercanía. Hay una calma previa que ya es promesa. Todo se vuelve más lento y más verdadero. La piel escucha antes que la mente. La respiración se acomoda a otro ritmo. Empiezo a soltarme sin darme cuenta, como si mi cuerpo supiera exactamente cuándo dejar de resistir. En ese punto dejamos de ser dos. No porque uno se imponga sobre el otro, sino porque las fronteras se disuelven. Mi pulso y el suyo encuentran un mismo compás. Ya no distingo dónde termino yo y dónde empieza el otro. Somos un solo latido, una sola presencia sostenida en el calor compartido. Ahí ocurre. No como explosión, sino como rendición. La pequeña muerte es suave: una caída lenta en la que el yo se apaga sin miedo. No pienso, no sostengo, no controlo. Solo siento. Solo existimos, fundidos en un instante sin tiempo. Cuando regreso, lo hago despacio. Con el cuerpo ti...
2025 fue una frontera. Un año que no pidió permiso y, aun así, nos obligó a mirar de frente. Hubo aprendizajes que dolieron y verdades que ya no pudieron esconderse. Quien sobrevivió al ruido entendió que el silencio también construye . Fue el año de los replanteamientos . Lo esencial dejó de ser discurso y se volvió práctica. Las máscaras cayeron, los afectos se depuraron, las prioridades se ordenaron. Se rompieron inercias, se deshicieron pactos con lo que ya no sumaba. El tiempo demostró su autoridad. Recordó que posponer es una forma elegante de renunciar. Mostró que avanzar no siempre es correr, que a veces es sostener, resistir, esperar. Que el crecimiento verdadero sucede cuando nadie aplaude. 2025 obligó a elegir. Entre autopreservación y complacencia . Entre ruido y claridad. Entre seguir iguales o atrevernos a cambiar de piel. También hubo destellos. ✨ Puentes construidos con conversaciones incómodas . Metas que nacieron pequeñas y crecieron en silen...