Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2025

Me tengo a mí...

N o tengo casa propia. No tengo pareja. No tengo estabilidad financiera. No tengo todo lo que, según la sociedad, “debería” tener a esta edad. Pero tengo algo que nadie me puede quitar: me tengo a mí . Y tengo a mi hija, aunque la vida nos haya puesto en pausas difíciles. Amalia sigue siendo parte de mi corazón, mi historia, y mi fuerza diaria. Me he sostenido cuando todo se cayó. He empezado de nuevo más veces de las que quisiera. He llorado en silencio para no preocupar a nadie. He dado amor incluso cuando no me quedaba mucho para mí. Y aquí sigo: viva, presente, aprendiendo. No estoy tarde. Estoy a mi ritmo. No soy menos por no cumplir expectativas ajenas. Soy más por todo lo que he enfrentado sola y, aún así, sigo eligiendo creer en mí. Y si tú también sientes que estás "fuera de tiempo", te abrazo desde aquí. Estamos a tiempo de construir una vida que sí se parezca a nosotras. Una sin checklist. Una real.

No es depresión. Es tristeza. Y también cuenta.

Hoy regresé a consulta con mi psiquiatra después de más de un año. No sabía bien por dónde empezar, así que simplemente hablé. Le conté de las noches en vela, del cansancio emocional, de todas las cosas que he atravesado en el último año. Me escuchó con atención. Y cuando terminó, me lo dijo claro: “No es depresión lo que tienes. Es tristeza. Y no te hace bien abrazarla.” Tuve que respirar profundo. Esa frase, aunque corta, me tocó en lo más hondo. Me recetó Alplax y Quetiapina para ayudarme a dormir mejor durante las próximas dos semanas. Pero más allá de eso, lo importante fue la conversación. Le conté de la relación en la que creí encontrar estabilidad, pero que terminó robándome la paz. Esta vez, lo supe ver a tiempo y me alejé. Lloré un poco. No suelo permitírmelo, pero esta vez lo hice. Me recordó que no tengo que tener todo resuelto a una edad específica. Que no debo exigirme cumplir metas impuestas. Que soy una sobreviviente. Y eso ya es un logro, aunque no lo celebremos com...

Las lágrimas se me secaron y no es una tragedia

  Hoy fui a terapia y salí distinta. No mejor, no peor. Distinta . Mi psicóloga —que lleva cuatro años viendo mis luces y mis derrumbes— me dijo algo que me atravesó como un suspiro hondo: Tienes derecho a sentirte mal. Y no por eso eres una víctima, ni una mala persona. Solo eres humana. Y eso ya es bastante. Después de tanto, de lo que he contado y de lo que me he guardado, sigo aquí. Viva. Funcional a ratos. Cansada muchas veces. Pero viva. Y esa palabra —viva— me costó. Así que nadie me la quita. Hoy me dicen que estoy dentro del cuadro depresivo. Que debo ir al psiquiatra. Que debo dormir. Que debo dejarme cuidar un poco, aunque sea por mí. Y, por primera vez, no me resistí. No lo negué. No dije “estoy bien” con la voz temblando. Solo asentí. Tal vez porque ya entendí que querer estar bien no es lo mismo que estarlo. También me dijeron que tomé una buena decisión al dejar esa relación. Que, si las lágrimas se me secaron en un solo día, no fue frialdad, fue evoluc...

Volver a mí

Me senté frente a la ventana, como si el sol pudiera iluminar las partes que todavía no entiendo. Con una taza de café y un par de páginas escritas entre suspiros, entendí que no necesito correr hacia ningún lugar. Solo respirar, soltar y escucharme. Este no es un post de ruptura, ni de nostalgia, ni de reproches. Es un recordatorio: que crecer también es quedarse. Que sanar no siempre suena fuerte, a veces apenas se nota... como el aroma del café o el roce de una flor seca sobre el papel. Hoy elijo la calma. Hoy no necesito respuestas. Hoy me basta con volver a mí.

True love

El verdadero amor no se trata de aferrarte a algo que solo tú valoras, sino de dejar ir a quien no está dispuesto a buscarte. No es cuestión de orgullo, sino de respeto hacia ti misma. Y sí, va a doler, pero cada lágrima que derrames será un paso más hacia la paz que realmente mereces.

Sanar...

Ojalá mi corazón sanara como la herida en mi cuello. Que bastara con unos puntos de sutura, un poco de reposo y algunas semanas de paciencia para que todo quedara atrás. Que alguien pudiera decirme exactamente cuánto tiempo tardará en dejar de doler. Pero sé que el corazón no sigue protocolos médicos. No hay analgésicos para este tipo de dolor, ni un vendaje que lo cubra del todo. Solo queda confiar en que, así como mi cuerpo se recupera, mi alma también lo hará. Al principio duele, luego molesta, después pica… y un día me daré cuenta de que ya no duele igual. No porque la herida nunca existió, sino porque aprendí a vivir con la cicatriz. Tal vez el secreto esté en tratar mi corazón como trato mi cuerpo: darle cuidados, evitar lo que lo lastima más, no forzarlo antes de tiempo y rodearme de todo lo que me ayude a sanar.

Amar no es soportar

Nos han vendido la idea de que el amor todo lo aguanta, todo lo perdona, todo lo sufre. Que si realmente amas a alguien, debes ser paciente, tolerante, inquebrantable ante sus fallas. Pero eso no es amor, eso es resistencia, y el amor no debería ser una prueba de resistencia. ¿Qué significa “soportar” en una relación? Aceptar menos de lo que merezco con la excusa de que “nadie es perfecto”. Justificar actitudes que me hacen daño porque “así es esa persona”. Esperar que un día las cosas cambien, cuando en realidad siempre han sido así. Cargar con la relación sola, haciendo más esfuerzo del que la otra persona hace. Permanecer en un vínculo donde el amor duele más de lo que sana. ¿Qué es amar sin soportar? Es entender que amar no significa aceptar todo. Es poner límites y exigir respeto. Es reconocer cuando una relación dejó de sumar y empezó a restar. Es saber que el amor debe ser mutuo, equilibrado y saludable. Conclusión: Amar no es un sacrificio constante. No tengo que “aguantar” en ...

Dolor...

No sé cómo explicar lo que siento. Es un dolor que no sé dónde está exactamente, pero que me oprime el pecho y, a veces, me deja sin aire. Se siente como si algo dentro de mí muriera cada día, como si un vacío profundo se hubiera instalado en mi interior, robándome la alegría y dejándome con un peso insoportable. He aprendido a callar más cosas de las que quisiera, y me doy cuenta de que he olvidado cómo reír. Salir a la calle me asusta. Hablar con alguien me cuesta. Reconozco este dolor, lo siento en cada parte de mí, pero no quiero hablar de detalles. No sé por dónde empezó a crecer, pero sí sé en qué momento se instaló. Y aunque la gente insiste en que me duele el corazón, yo sé que es algo mucho más profundo, algo que no se cura con palabras vacías ni con el paso del tiempo.

Just a thought

No hace falta que nadie lo valide porque tú misma sabes lo que cuesta cada paso que das. Y cuando llegue el momento de recoger los frutos, no habrá dudas de que cada sacrificio valió la pena. Sigue firme, sigue constante y, sobre todo, sigue creyendo en ti. Porque al final, nadie podrá quitarte lo que logres con tu propio esfuerzo.  💪

Creer o no creer... Esa es la cuestión

El agnosticismo es, en esencia, una invitación a la duda, a la exploración y a la apertura intelectual. No es una negación tajante ni una afirmación absoluta, sino un reconocimiento de que las respuestas definitivas sobre lo divino están más allá de nuestra comprensión. Mientras algunos encuentran certeza en la fe y otros en el escepticismo radical, los agnósticos habitan ese espacio intermedio, donde la curiosidad y la razón coexisten sin la necesidad de certezas inquebrantables. En un mundo que a menudo exige posturas rígidas, el agnosticismo nos recuerda que la duda no es un vacío, sino una forma de pensamiento libre y adaptable. No necesitamos respuestas grabadas en piedra para vivir plenamente, reír con intensidad o cuestionar lo establecido. Al final, quizás lo importante no sea encontrar una verdad absoluta, sino aprender a vivir con la maravilla de lo desconocido. Comparto este texto que lo explica un poco mejor (desconozco el autor): “Para aquellos que creen en Dios, la ...

Relaciones a medias tintas

Las relaciones a medias tintas, basadas en la incertidumbre o en la simple necesidad de compañía, terminan desgastando más de lo que aportan.  Mejor apostar por vínculos genuinos, donde ambas partes estén presentes con intención, compromiso y crecimiento mutuo. Al final, cualquier relación, sin importar su duración, debería sumar y no restar.

Soy mi prioridad

No permitir que alguien más defina tu bienestar implica fortalecer tu autoestima, encontrar satisfacción en tu propia compañía y darle valor a quien realmente lo merece: tú. Tu felicidad debe ser tuya, no una moneda de cambio en manos de otra persona. Quien te quiere, estará; quien no, se irá. Y en ambos casos, seguirás en pie. No es fácil, pero tampoco imposible. Es un proceso de entrenamiento mental, de priorizarte y de recordar cada día que la persona más importante en tu vida eres tú misma.

Positivismo Tóxico

El positivismo puede ser un salvavidas, pero también una carga cuando se usa sin medida. Últimamente he estado lidiando con un torbellino de emociones, y en medio de todo esto, me he dado cuenta de algo: no siempre quiero escuchar "todo estará bien". Porque, ¿y si no lo está? Estoy atravesando un momento difícil, con una cirugía en el horizonte y preguntas que no tienen respuestas inmediatas. Y aunque sé que la intención detrás del optimismo es buena, en vez de ayudar, termina aislándome en mi propio dolor. Necesito poder decir en voz alta que tengo miedo, que tengo dudas, que no sé qué va a pasar después. Necesito espacio para procesarlo sin que me inunden con afirmaciones de que todo saldrá perfecto, porque la verdad es que nadie lo sabe con certeza. No digo que el optimismo sea malo, pero hay una diferencia entre alentar y minimizar. Decir "sé que esto es difícil, y aquí estoy para escucharte" tiene mucho más valor que un "no te preocupes, todo pasará"....