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Entradas

Entre lo que terminó y lo que todavía no empieza

Hay días en los que el cuerpo entiende antes que la mente. Yo lo sentí así. La presión alta, el pecho apretado, el corazón acelerado, esa sensación horrible de que algo no estaba bien aunque todavía no tuviera una explicación concreta. Después llegó la noticia y, de alguna forma, todo hizo sentido. Fui desvinculada. Y aunque una parte de mí sabía que podía pasar, otra parte no estaba preparada para el golpe seco de quedarse en el aire. Porque una cosa es imaginar un escenario y otra muy distinta es sentarse frente a la realidad con cuentas, compromisos, clases, cansancio acumulado y una posibilidad laboral importante que todavía no termina de concretarse. Una puerta parece estar abriéndose, pero aún no se abre del todo. Y esa es una de las sensaciones más difíciles de explicar: no poder llorar tranquila por lo que se cerró, pero tampoco poder celebrar lo que todavía no está firmado. Es vivir suspendida. Sin suelo firme hacia atrás. Sin suelo firme hacia adelante. La incertidumbre tiene...

La petite mort y el latido común

La petite mort me encuentra cuando bajo la guardia. Cuando dejo de sostener el mundo y me permito descansar en otro cuerpo. No hay urgencia. Hay cercanía. Hay una calma previa que ya es promesa. Todo se vuelve más lento y más verdadero. La piel escucha antes que la mente. La respiración se acomoda a otro ritmo. Empiezo a soltarme sin darme cuenta, como si mi cuerpo supiera exactamente cuándo dejar de resistir. En ese punto dejamos de ser dos. No porque uno se imponga sobre el otro, sino porque las fronteras se disuelven. Mi pulso y el suyo encuentran un mismo compás. Ya no distingo dónde termino yo y dónde empieza el otro. Somos un solo latido, una sola presencia sostenida en el calor compartido. Ahí ocurre. No como explosión, sino como rendición. La pequeña muerte es suave: una caída lenta en la que el yo se apaga sin miedo. No pienso, no sostengo, no controlo. Solo siento. Solo existimos, fundidos en un instante sin tiempo. Cuando regreso, lo hago despacio. Con el cuerpo ti...

Oda al 2025 🌒

  2025 fue una frontera. Un año que no pidió permiso y, aun así, nos obligó a mirar de frente. Hubo aprendizajes que dolieron y verdades que ya no pudieron esconderse. Quien sobrevivió al ruido entendió que el silencio también construye . Fue el año de los replanteamientos . Lo esencial dejó de ser discurso y se volvió práctica. Las máscaras cayeron, los afectos se depuraron, las prioridades se ordenaron. Se rompieron inercias, se deshicieron pactos con lo que ya no sumaba. El tiempo demostró su autoridad. Recordó que posponer es una forma elegante de renunciar. Mostró que avanzar no siempre es correr, que a veces es sostener, resistir, esperar. Que el crecimiento verdadero sucede cuando nadie aplaude. 2025 obligó a elegir. Entre autopreservación y complacencia . Entre ruido y claridad. Entre seguir iguales o atrevernos a cambiar de piel. También hubo destellos. ✨ Puentes construidos con conversaciones incómodas . Metas que nacieron pequeñas y crecieron en silen...

Después de la tormenta, sigo aquí

Olvida por un momento el ruido externo y recuerda esto: importo . He librado batallas silenciosas que nadie vio, he sanado heridas que intentaron romperme y aun así sigo apareciendo con amor en el corazón. Sonrío, porque todavía hay lugares a los que no he ido, personas que no he conocido y momentos que me dejarán sin aliento. Ser yo misma es, en esencia, una bendición. Incluso en los días en que me siento perdida o sin propósito, sigo aquí. Y eso basta. El mundo es más suave, más amable y un poco más luminoso porque existo. Quizá ese sea mi propósito: recordarle a otros —y a mí misma— que la bondad sigue viva, incluso después de la tormenta. Hoy vuelvo a escribir en mi blog después de mucho tiempo. No porque tenga una gran historia que contar, sino porque reconocí algo simple: volver a mí también empieza por recuperar los espacios donde una vez me sentí en casa. He estado cargando silencios que pesan. Procesando cambios, despidiéndome de ciclos, intentando entenderme en medio del ...

Ser madre sin dejar de ser mujer

 A muchas latinas nos enseñaron que ser madre es renunciar. Que el amor por los hijos exige sacrificarse por completo, dejar los propios sueños para después —ese “después” que casi nunca llega. Crecimos viendo a nuestras madres y abuelas agotadas, admiradas por su entrega, pero invisibilizadas en su deseo. Nos enseñaron a cuidar, no a cuidarnos. Durante años viví en función de mi hija. Todo giraba en torno a ella, y creí que eso era lo correcto. Pero ahora, con dieciséis años, vive con su padre, y por primera vez tengo espacio para mirarme. No desde la culpa, sino desde la conciencia de todo lo que postergué. Redescubro lo que me gusta, lo que quiero, lo que aún puedo construir. Y duele reconocer que solo me permití hacerlo cuando ya no me necesitaba tanto. No debería ser así. No deberíamos tener que elegir entre ser madre o ser mujer . Podemos amar profundamente y, al mismo tiempo, no renunciar a nosotras mismas. Porque criar también debería incluir el ejemplo de no abandonars...

🪓 Saga completa – Mi recorrido con Norman Bates

  🎬 Psycho (1960) – 5/5 Lo mejor: Sentí a Hitchcock en su máxima expresión. El suspenso, la música y ese giro me volaron la cabeza. Lo peor: Los pequeños lapsus de continuidad, pero se los perdono porque es oro puro. Veredicto: Para mí, un clásico eterno. 🎬 Psycho II (1983) – 3/5 Lo mejor: Anthony Perkins regresó con fuerza y me gustó ver la ilusión de rehabilitación de Norman. Lo peor: El giro de Emma Spool como “verdadera madre” me pareció un retcon absurdo. Veredicto: Entretenida, pero se nota que estiraron la historia. 🎬 Psycho III (1986) – 2.5/5 Lo mejor: Que Perkins dirigiera le dio un aire distinto, casi de slasher ochentero. Lo peor: El guion flojo y personajes secundarios mediocres. Además, la promesa de “esta vez será para siempre” quedó en nada. Veredicto: Curiosa, pero llena de incongruencias. 🎬 Psycho IV: The Beginning (1990) – 1/5 Lo mejor: Me interesó un poco el retrato de la infancia de Norman. Lo peor: La cronol...

Fernanda Gil, en verso sin permiso

I. Raíces sin tierra, voz con filo Nacida sábado, corte limpio en la barriga, con nombre robado a un padre y un país que vigila, creció entre fósforos, rezos, y cuentos sin hada, con sueños de monja y astronauta, mientras la casa se desarmaba. Hotelera de frente, guerrera de fondo, madre de Amalia, eje dulce del mundo. Con artrosis en la espalda y el alma desgastada, pero el verbo aún afilado como si el dolor no doliera nada. Pasaste por hombres como por estaciones, unos tibios, otros rotos, otros simplemente decepciones. Y aún así, sigues entera, aunque la vida te haya desmontado la escalera. Fuiste violada, callada, marcada, y aún así escribes, luchas, no te das por acabada. Porque de la oscuridad sacaste verbo, y te armaste un poema con cada recuerdo. Tu familia un carnaval de nombres y heridas, tu infancia una serie con risas y orines compartidas. Tu amor propio, una guerra santa, que ganaste entre lágrimas, cabañas y la garganta. Dos años con Raúl y una e...